Blog de Carolina Rangel



Cuentos, microcuentos y poemas.



Escribir no es para mí una necesidad. Es un estado natural. Algo que fluye sin esfuerzo y eso me sorprende.



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lunes, 24 de agosto de 2015

Regálame 15 días


El ascensor bajaba los 33 pisos. Se estaba tardando mucho, era la hora de cierre en la mayoría de las oficinas de esa torre empresarial y se detenía en casi todos los niveles. Pero Valeria no iba de salida, se dirigía al lobby a darle una excusa a su novio, Tadeo. No iban a salir ese viernes, Valeria tenía que terminar un proyecto que debía quedar listo esa noche.
Se va a molestar, pensó.
Valeria era demasiado entregada a su trabajo. Le dedicaba 14 horas al día y muchos fines de semana. Cuando alguna vez salía con Tadeo se mantenía conectada con la jefa o con quien estuviera en la oficina. Lo más grave era que rompía muchas promesas.
Tengo que dejar de actuar así, pensó. Un día me va a dejar. Discutimos mucho. Yo sé que no basta con llamarlo con frecuencia, no podemos tener un noviazgo telefónico, caviló.

Llegó a planta baja. Se saludaron con un beso y un abrazo.
─Tadeo no te vayas a disgustar…
Y con solo esta frase Tadeo se disgustó.
─No vamos a salir. ─dijo él antes que ella dijera nada.
─Mi amor, esta noche terminamos el proyecto y el lunes…
─Regálame 15 días ─interrumpió.
─¿15 días? ¿No te parece mucho?
─Estoy cansado de esto… Regálame 15 días, nos va a hacer bien…
─¿Qué tienes pensado?
─Un viaje a Margarita, sin peleas, sin teléfonos. ¡Regálame 15 días! A partir de mañana a las 7.
Valeria analizó la petición por unos segundos y contestó dubitativa:
─ ¡Está bien! es buena idea.
Se despidieron como se saludaron y Valeria subió de nuevo los 33 pisos con un frío en el estómago, tenía que convencer a su jefa de que le diera 15 días de vacaciones.

─Mi relación con Tadeo depende de eso María, él ha tenido mucha paciencia, siempre lo dejo plantado.
─¡No puedes dejar la oficina 2 semanas! El lunes entra otro proyecto ─replicó la jefa.
Discutieron durante horas, finalmente:
─Si no me los das, renuncio.
Y con esa amenaza Valeria consiguió sus vacaciones. Salió de su oficina muy tarde pero con la cabeza ya en el viaje.

Pasó la madrugada arreglando maletas. Ilusionada reflexionó: Esto es lo correcto, por eso estoy tan feliz, mi prioridad es mi pareja, no voy a terminar enterrada en esa oficina como María. Amaneció y ella todavía preparaba el viaje. Tadeo no me dijo a qué hora me venía a buscar, pensó preocupada cuando eran cerca de las 7. Lo llamó pero le contestó la grabadora.

Mientras tanto Tadeo entraba al aeropuerto. Se detuvo a saludar a un amigo con el que se cruzó en el largo pasillo.
─¡Hola! ¿Qué haces aquí? ─preguntó Tadeo estrechándole la mano.
─¡Hola Tadeo! Regresando de viaje y tú ¿a dónde vas?
─A Margarita, un regalo de Valeria.
─¡Qué bueno! ¿Y dónde está ella?
─¡Esa es la cosa! Valeria me regalo 15 días fuera de la relación, sin peleas y sin tanta llamadera.

domingo, 2 de agosto de 2015

Una tela negra y dura

Una tela negra y dura
Se llamaba “Esmeralda”, un nombre inusual para una tienda de telas. El local era largo y angosto, bien distribuido, ordenado. Había una gran cantidad de mercancía. Yo era la encargada y cajera. Además había tres vendedoras.
Era temprano en la mañana. Entró el primer cliente del día.  Una muchacha joven. Me llamó la atención que no llevaba cartera. Lucía algo tensa, aunque trataba de disimularlo.
Le preguntó a Gladys, una de las vendedoras, por una tela negra dura.
            ─¿Para qué la necesita? Preguntó Gladys.
            ─Si la pongo en el suelo formando un tubo y se queda parada, me funciona. ─respondió.
            ─¿Va a hacer un tubo de tela?
            ─No, el tubo es para probar si me sirve.
            Francis y Ana, las otras dos vendedoras se pusieron a sugerir nombres de telas y entre las tres sacaron varios rollos, ninguno servía.
            ─Si nos dice para que la necesita quizá podamos conseguirle algo idóneo ─dijo Ana.
            ─Es que es difícil de explicar ─dijo la clienta pasándose nerviosamente la mano por su cabello.
            ─Francis recordó una tela que estaba en el depósito, la habíamos traído por encargo, era negra y dura. El cliente no había querido la parte final del tubo porque estaba arrugada. Cuando la clienta la probó respiró aliviada.
            ─Aquí tiene ─dijo, extendiendo un billete.
            ─En la caja le cobran ─dijo Francis mientras metía la tela en una bolsa.
            Se acercó a mí, medio sonreída, y aproveché de preguntarle para qué era la tela, fingiendo no haber oído que ya se lo habían preguntado. Hizo un gesto como para contestar pero nunca sabré si era la respuesta u otra evasiva. Un hombre alto, blanco de chaqueta y lentes oscuros le preguntó desde la puerta:
            ─¿Por qué tardas tanto?
            ─Ya estoy pagando ─dijo ella. Tomó su vuelto y salió junto al hombre.

Caminaron juntos por la avenida, sin hablarse. Ella abrazaba la bolsa y él veía a la derecha e izquierda. Era claro que él lideraba. Llegaron a una pensión, era ruidosa y semioscura. No se detuvieron en recepción, nadie les habló. Él metió una pequeña llave en un candado que aseguraba una puerta, la cerradura tenía mucho uso así que le estaba costando abrir, ya iba a saber para qué era la tela pero en ese momento entró la segunda clienta del día y comenzó otra historia.