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Blog de Carolina Rangel



Cuentos, microcuentos y poemas.



Escribir no es para mí una necesidad. Es un estado natural. Algo que fluye sin esfuerzo y eso me sorprende.



Bienvenidos los comentarios.



Bienvenidos ustedes.



sábado, 22 de octubre de 2011

Regresa

No pudo evitar mirar de reojo la puerta del apartamento, los zapatos seguían ahí, esperándolo, él entró a toda carrera, le contó su día, comió, durmió la siesta. Ella se alegró porque lo vió mas grande, “luce tan serio” pensó. Todos los días la misma secuencia, que arranca con la mirada a la entrada, donde están los zapatos. Ya está cansada, es tan vívido y tan secreto… anhela cada vez mas que algún día vuelva a ser cierto.

No, gracias

─Tu y yo podremos pasear juntos bajo ese cielo estrellado ─dijo él al oído de ella.
─No sabes lo cómoda que estoy aquí ─contestó.
─Bailaremos, como querías, ya averigüé de las clases ─continuó él haciendo una mueca, pues ver el cuerpo inerte le avivaba los remordimientos.
─Aquí bailo todo lo que quiero, es más, mi única interrupción es cuando tu vienes a hablarme ─dijo ella.
─Te estoy esperando ─musitó él.
Helaba, así que buscó una manta para taparla y ella rio burlona. Después él se fue, frustrado, como todos los días y ella quedó allí, en su coma profundo, experimentando la más absoluta de las libertades.

Regalo

Son las doce horas, un minuto y quince segundos, me gustaría pensar en la maravilla de que ya es día 26 pero no puedo, ahí viene… ¡Aaah!… y se va, estoy exhausta, cada vez es peor, viene otra vez… ¡Aaah!... No aguanto, estoy empapada en sudor, ya no me importa quién entra, me ve o me toca, solo quiero que termine, porque esta es la última vez que paso por esto ¡lo juro! Viene otra vez ¡Aaah! … ¿Qué me pasó? ¿Me desmayé? ¿Eso es un llanto? ¡Dénmelo!... Aquí estás ¡Lindura! ¿Qué me quieres decir con esos chillidos? ¿Feliz cumpleaños mami?

sábado, 8 de octubre de 2011

Los piojos

No me acuerdo, no logro recordar en qué momento se volvió esto un problema para mí, cuándo me dominó. Poco a poco la cantidad de piojos que tenía en la cabeza fue aumentando y se hizo incontable, yo decía que me hervía la cabeza de insectos porque la sentía caliente y se movían como en ebullición.
Un detalle que me parece muy extraño es que no contagiaba a nadie, los piojos saltan de cabeza en cabeza pero los míos no me abandonaban, con catorce personas en mi casa es increíble que la única piojosa era yo, pero así era, ni mis hijos, yernos, nueras tenían piojos, incluso los siete nietos que dormían conmigo, porque no querían dormir con sus padres, tampoco tenían.
La gente no me creía pero no me los podía sacar, si me los arrancaba se me metían por las uñas y yo no quería echarme nada, nunca me han gustado los químicos. La única solución que encontré fue amarrarme el pelo con un pañuelo, tenía que apretarlo fuertemente porque si no se me salían por los lados y me hacían pasar vergüenza con los vecinos.
El día de la cena fue muy desagradable, estaba haciendo la comida, en la mesa estaban los hijos: los políticos, los de sangre y los de crianza o sea los nietos, todos esperando que sirviera y los piojos comenzaron a caminarme por el cuerpo, bajaban por los brazos y las piernas, subían por la espalda y volvían a la cabeza, no se separaron de mi cuerpo pero estaban como alborotados, alterados y yo me perturbé, no sé si estaba brava, tendría que analizarme pero el hecho fue que me quedó horrible el pasticho, nadie se lo terminó de comer, eso fue lo único que les llamó la atención, lo maluco del pasticho, nadie vio los piojos, menos mal.
Todos aquí consideran que nunca me los pude quitar de encima, que ellos ganaron pero no es así, ya no los tengo. Tuve que morirme, es verdad, pero finalmente se fueron cuando mi cuerpo ya no les dio más sangre que chupar, cuando no quedaba nada en mí que aprovechar, ellos se marcharon, los chiquitos se fueron con los grandes, algunos estaban resignados, otros bravos pero se fueron todos, a resolver sus vidas, a ver el mundo.

lunes, 19 de septiembre de 2011

Ese día

Me gusta la frescura de la lluvia, no que me moje los pies pero sí ese salpiqueo de gotitas que produce el viento cuando está lloviendo moderadamente. Ese día estaba disfrutando de esa etapa, de ese momento que se va pronto porque empieza a arreciar, cae el agua, baja el barro, vienen las piedras, se despeñan los vecinos con casas y todo, ya no me gusta, como ese día que nosotros también caimos encima de los de abajo y quedamos todos magullados. Lo bueno es que cuando va amainando pasa por esa etapa otra vez, es muy corto, te rocía la cara con puyitas chiquiticas, siempre es así, ese día también.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Decepción

La noche es una estrella en tu cucharilla, esa era la clave, la dijo la persona menos esperada. La niña más linda del pueblo con sus labios carnosos pronunció la frase, además me sonreía. Me paseé por varios escenarios, escapar, mentir, manipular, pero al final le robé un beso y le dí el tiro.

viernes, 2 de septiembre de 2011

Excusas

¡No lo puedo creer! me traje la chaqueta de Vanessa, tanta planeación y me equivoco en esto, es que hacía frío y la agarré sin fijarme ¿y a mí que me importa si hace frio? ¡qué necio soy! la voy a doblar y la dejo aquí al lado de este tablero con mi identificación, así tendrán que entregársela ¡¿qué estoy diciendo?! seguramente alguien se la lleva… ¡incauto!... ¿y si se la encargo a esa señora de allá? se ve decente… ¡¿y qué explicación le voy a dar?! ¡Ay si no fuera por lo que le gusta esta chaqueta a Vanessa…! ¡Me voy para la casa! ya viene el tren y definitivamente hoy tampoco es mi día de lanzarme.