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Blog de Carolina Rangel



Cuentos, microcuentos y poemas.



Escribir no es para mí una necesidad. Es un estado natural. Algo que fluye sin esfuerzo y eso me sorprende.



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viernes, 16 de marzo de 2012

Velorio

Y además nos hace daño, pensé, mientras mamá se deshacía en elogios para mi padrastro. Las dos sabemos que tiene que fingir, pero no exagerar. Además, ella es muy optimista, cree que ya nos libramos y no es así: falta un paso. Pedí, por enésima vez, que me alzaran para verlo, quiero grabarme su cara antes que se transforme. Esta noche, cuando aparezca, estaré preparada. Con los vivos no he podido, pero a los muertos sí sé cómo arreglarlos.

Por eso estoy aquí

Igual que lo hacen las ballenas diseñé para mí una vida solitaria y nómada. Buscaba siempre el mejor clima y me detenía solo para suplir mis necesidades. Di la vuelta al mundo tres veces, hasta que se me atoró el pie en este hueco. Rápidamente se me hinchó porque yo trataba de sacarlo a la fuerza y no me importaba dañarlo. Entonces una tarde él llegó y construyó una casa alrededor de mí. Mientras cantaba una melodía tomó una pantufla y suavemente abrigó mi otro pie. Ese día dejé de luchar.

domingo, 18 de diciembre de 2011

Manicomio

“Yo la abrazaré bien fuerte y me la llevaré conmigo” dijo y la frase me espabiló. Busqué su rostro en medio de aquella multitud: estaban mis tíos, el vecino y aquel profesor de latín. Luchaba contra el letargo. Oía su voz y lo veía manotear. Sentí un beso y me lo bebí desesperada. Noté que me sobaban y me di cuenta que no era él, él no haría eso. Mi lengua pesaba pero sé que conseguía hablar. Nadie me entendía. No lograba enfocar tampoco. De pronto me elevé en sus brazos. Ví cómo dejabamos atrás el edificio. Sonreí. “Ya puedo dormir”, dije para mí, “él ganó”.

martes, 22 de noviembre de 2011

En la mesa de noche

Por fin quietas, las agujas de tejer descansaban de tanto dar calor: no más suéteres, gorros o medias. Junto a ellas, el rosario suspiraba por tantas peticiones que oyó: algunas satisfechas; la mayoría, no. Los anteojos, todavía empañados por las últimas lágrimas, se resistían a creerlo. Debajo de todos ellos, estaba la carta que nunca sería enviada: con la tinta grumosa y algunas arrugas, esperaba pacientemente a sus lectores.

sábado, 19 de noviembre de 2011

Desatino

“Muerto pero mío”, le masculló al doctor interrumpiéndole el discurso. Se aferró a la baranda de la cama mientras observaba a su hijo lleno de cables. Repasó sus remordimientos. Cuando nació, lo negó: tenía una lógica sospecha. A los cuatro años, lo dejó: ¡esa rubia manipuladora! A los dieciocho, renegó de él: estaba en malos pasos, era su deber. Se arrepentía para otra vez volver a fallarle. Los argumentos del médico sonaban a esas excusas que él usaba para tomar malas decisiones. Se había propuesto que, sin importar las circunstancias, no volvería a abandonarlo. “¿Desenchufarte? ¿Donar tus órganos? No. Esta vez, no.”

jueves, 3 de noviembre de 2011

Pablo

Como tantas veces había hecho de niño, se perdió en la playa. Caminaba sobre la arena y todo parecía igual. En aquella época oía a lo lejos los gritos de su madre y él seguía perdido, correteaba perros, hacía amigos, nadaba en lo hondo, aparecía en la noche para comer, quemado por el sol, cansado, lo regañaban claro, pero valía la pena. Esa tarde fue distinto, estaba angustiado, lloroso, porque buscaba y no sabía a quien, porque han pasado setenta años, porque ya no sabe ni cómo se llama.

sábado, 29 de octubre de 2011

¡Trágame tierra!

Todos quedaron atónitos, en medio de la avenida comenzó una abertura, estaba bien delineada y se formó con lentitud. Poco a poco se aglomeraron muchas personas, debajo del hueco se divisaba unas losas blancas que pronto alguien identificó como unos dientes, cuando terminó de abrirse salió una gran lengua, era larguísima y tomó a Argimiro con facilidad, él no se asustó demasiado hasta que entendió que el objetivo de la lenguota era meterlo en la bocota, ahí empezó a gritar desesperado y a tratar de zafarse pero no lo logró. Antes de cerrarse todos vieron como se empezaron a mover los dientes y enseguida desapareció todo por completo.
─Bueno él lo suplicó así.
─¿Cómo crees? fue solo un decir. Todos hemos dicho esa frase alguna vez.
─Yo creo que sí lo pidió en serio, él estaba muy avergonzado.

sábado, 22 de octubre de 2011

Regresa

No pudo evitar mirar de reojo la puerta del apartamento, los zapatos seguían ahí, esperándolo, él entró a toda carrera, le contó su día, comió, durmió la siesta. Ella se alegró porque lo vió mas grande, “luce tan serio” pensó. Todos los días la misma secuencia, que arranca con la mirada a la entrada, donde están los zapatos. Ya está cansada, es tan vívido y tan secreto… anhela cada vez mas que algún día vuelva a ser cierto.

No, gracias

─Tu y yo podremos pasear juntos bajo ese cielo estrellado ─dijo él al oído de ella.
─No sabes lo cómoda que estoy aquí ─contestó.
─Bailaremos, como querías, ya averigüé de las clases ─continuó él haciendo una mueca, pues ver el cuerpo inerte le avivaba los remordimientos.
─Aquí bailo todo lo que quiero, es más, mi única interrupción es cuando tu vienes a hablarme ─dijo ella.
─Te estoy esperando ─musitó él.
Helaba, así que buscó una manta para taparla y ella rio burlona. Después él se fue, frustrado, como todos los días y ella quedó allí, en su coma profundo, experimentando la más absoluta de las libertades.

Regalo

Son las doce horas, un minuto y quince segundos, me gustaría pensar en la maravilla de que ya es día 26 pero no puedo, ahí viene… ¡Aaah!… y se va, estoy exhausta, cada vez es peor, viene otra vez… ¡Aaah!... No aguanto, estoy empapada en sudor, ya no me importa quién entra, me ve o me toca, solo quiero que termine, porque esta es la última vez que paso por esto ¡lo juro! Viene otra vez ¡Aaah! … ¿Qué me pasó? ¿Me desmayé? ¿Eso es un llanto? ¡Dénmelo!... Aquí estás ¡Lindura! ¿Qué me quieres decir con esos chillidos? ¿Feliz cumpleaños mami?

lunes, 19 de septiembre de 2011

Ese día

Me gusta la frescura de la lluvia, no que me moje los pies pero sí ese salpiqueo de gotitas que produce el viento cuando está lloviendo moderadamente. Ese día estaba disfrutando de esa etapa, de ese momento que se va pronto porque empieza a arreciar, cae el agua, baja el barro, vienen las piedras, se despeñan los vecinos con casas y todo, ya no me gusta, como ese día que nosotros también caimos encima de los de abajo y quedamos todos magullados. Lo bueno es que cuando va amainando pasa por esa etapa otra vez, es muy corto, te rocía la cara con puyitas chiquiticas, siempre es así, ese día también.

jueves, 15 de septiembre de 2011

Decepción

La noche es una estrella en tu cucharilla, esa era la clave, la dijo la persona menos esperada. La niña más linda del pueblo con sus labios carnosos pronunció la frase, además me sonreía. Me paseé por varios escenarios, escapar, mentir, manipular, pero al final le robé un beso y le dí el tiro.

viernes, 2 de septiembre de 2011

Excusas

¡No lo puedo creer! me traje la chaqueta de Vanessa, tanta planeación y me equivoco en esto, es que hacía frío y la agarré sin fijarme ¿y a mí que me importa si hace frio? ¡qué necio soy! la voy a doblar y la dejo aquí al lado de este tablero con mi identificación, así tendrán que entregársela ¡¿qué estoy diciendo?! seguramente alguien se la lleva… ¡incauto!... ¿y si se la encargo a esa señora de allá? se ve decente… ¡¿y qué explicación le voy a dar?! ¡Ay si no fuera por lo que le gusta esta chaqueta a Vanessa…! ¡Me voy para la casa! ya viene el tren y definitivamente hoy tampoco es mi día de lanzarme.

martes, 21 de junio de 2011

Reincidiendo

Tal vez si hubiera preguntado dónde estaba, habría estallado en llanto, tratado de persuadirme o ido a recoger. Pero no preguntó, mi madre solo trató de ponernos al día con los tres meses que teníamos sin hablar. Me contó que iba a ser abuela otra vez, que volvió al bordado y que hacía bailoterapia, yo no le conté que Yolanda me dejó, que me botaron del trabajo y que me embargaron el carro. Colgamos mandándonos besos.
Me vi la cara en el espejo de aquel bar, el mismo de antes, y me tomé el trago que estaba calentando en la mano… el primero en diez años.

martes, 14 de junio de 2011

Una noche cualquiera en el internado

─¿Y cuándo será el incendio?
─¿Por qué un incendio? Podría ser un terremoto.
Hablaban susurrando, sentados al borde de cada cama.
─No, un incendio. Así lo podemos contemplar.
─¿Contemplar? ─dijo sonriendo
─Claro, si no ¿para qué?
─Para que no exista, eso es lo que yo quiero, que no exista este maldito colegio.
─Pero dime ¿cuándo será? ─dijo ávido.
─Un fin de semana o en vacaciones, ya veremos.
Pasó el vigilante así que se acostaron, minutos después un gran estruendo bajo el piso los levantó. Se miraron pálidos.
─No hice nada Alberto, te juro…
Una grieta partía el dormitorio.
─Yo sé, fui yo… me quedé enganchado... pensando en el terremoto…

miércoles, 8 de junio de 2011

Irremediable

Si no aparto los ojos, esa mirada incendiaria me aniquilaría, arrasaría, consumiría.

Me deja saber su odio, me estruja, me aprieta, casi me golpea.

Flota en el aire el hecho de que su labor en sí es desagradable, la obligación a realizarla innecesariamente, la imposibilidad de quejarse.

Nos desgarramos, figurada, literalmente.

Para mi es irremediable, no puedo evitarlo, mi cuerpo camina solo hasta allá.

Cada domingo acudo puntualmente. A pesar que no tengo a nadie a quien visitar en esa cárcel, nunca falto a la requisa.

martes, 17 de mayo de 2011

Ella y él

Él abrió la puerta de la habitación con mucho sigilo, entró y la cerró sin que sonara. Era un experto. Vio el reloj que iluminaba en la mesita, eran las dos de la mañana. Ella estaba profundamente dormida.
Él caminó hasta la cama. La meta era acostarse junto a ella sin despertarla.
Ella lo sintió sentarse pero mezcló la realidad con algo que estaba soñando y abrió los brazos. Él se acostó y quedó abrazado.
Para ella era otra hora y otra circunstancia, así que le llenó el cuello de besos. Para él era aprovechar unos mimos que no merecía. Los recibía en lugar de reproches por una conducta indeseada.
Ella comenzó a despertar mientras él decía:
─Mami, te quiero mucho, mucho, mucho.
─Yo también, pero ¿no habíamos quedado que ibas a dormir en tu cama?
─Hoy nada mas…