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Blog de Carolina Rangel



Cuentos, microcuentos y poemas.



Escribir no es para mí una necesidad. Es un estado natural. Algo que fluye sin esfuerzo y eso me sorprende.



Bienvenidos los comentarios.



Bienvenidos ustedes.



martes, 23 de agosto de 2011

Publicación de Un perro en Pez de plata.

Pez de plata es el suplemento literario de el diario Extra de Monagas, Venezuela. El domingo 21 de agosto de 2011 publicaron un cuento escrito por mí, lo cual agradezco a todo su equipo editorial.

El cuento se llama Un perro. Abajo les dejo el link. Espero lo disfruten.


Los invito a visitar todas las semanas la pagina web de este semanario, es una maravillosa iniciativa que todos deberíamos apoyar.


Carolina


http://www.pezdeplata.com.ve/numero91.html

sábado, 20 de agosto de 2011

Mi yo es inevitable

Flores cortadas por ti
tus súplicas, mi impotencia
una luz extraña, gris
perdona, mi yo es inevitable.

Las olas me bañan
arena que arrastra
el agua me sumerge, me sala
presiona pero no ahoga.

Siguen tus imágenes,
siento tus recuerdos
porque mi dolor soy yo misma
el mar pierde su tiempo.

miércoles, 3 de agosto de 2011

Se llamaba Ramiro

Siempre supo que vivía en una cueva y que se llamaba Ramiro. Era una cueva tibia, de colores sepia cubierta de lodo. Había toda clase de comida, vegetales, frutas. A Ramiro le encantaba probar diferentes sabores, al principio le divertía distinguir entre los salados y los dulces, después pasó a diferenciar el sabor de la manzana al de las uvas o las toronjas.
Había un tragaluz por donde podía ver el sol. La luz lo encandilaba, así que prefería deleitarse con la vista nocturna, las estrellas, a veces la luna, pero lo que más le gustaba era ver la lluvia. Las gotas de agua brillaban mientras caían, formaban un remolino y parecía una flor disparando pétalos en perfecto arreglo. Aprendió a ver las señales que antecedían a aquel paisaje y se acostaba en la tierra, debajo del tragaluz a esperar las primeras chispas.
─Tú crees que todo es muy bello allá arriba, pero no es así.
─Sí, es bello, lo estoy viendo. ─replicó Ramiro, mientras observaba como arreciaba.
─Todo es más difícil allá, a eso me refiero.
─¿Difícil?
─La comida no la encuentras tan fácil como aquí, te cansas, hay que luchar.
─Solo estoy viendo. ─dijo en una disculpa, ya estaba amainando.
─Desde allá arriba la lluvia no se ve así.

Empezó a crecer en Ramiro la fascinación por el mundo de allá arriba y llegó el día en que no pensaba en otra cosa. Sin embargo no se le ocurría la manera de subir.
De tanto fijarse y ver por el tragaluz comenzó a ver siluetas.
─Hay personas allá ─dijo con cierta angustia.
─Sí, pero te aseguro que tú eres más feliz que cualquiera de ellos. ¿Tú has sufrido alguna vez?
─No ─dijo.
─Ellos sí.

Comenzó a ensayar una escalada. Sin un plan específico, impulsado por una necesidad extraña y frenado por una aprensión vacilante. Al principio se cayó varias veces pero volvía a trepar y a medida que venció el miedo se le hizo más fácil. En un momento hizo mucho calor y las ganas de subir se convirtieron en urgencia hizo un esfuerzo enorme y llegó a la boca del tragaluz.
Era más angosto que él. Se atoró. Regresó el miedo y lo hacía percibir cosas extrañas, como que el agujero se hacía más pequeño y lo ahorcaba.
Se estiró para adelgazarse, hizo fuerza, se arañó todo el cuerpo, cayó exhausto al otro lado del tragaluz.
Respiró con todo el cuerpo.
La luz lo enceguecía, era tan intensa que le dolían los ojos, los sonidos lo aturdían, tenía sed, pero a pesar de todo eso las ganas de gritar y saltar eran muy fuertes, sentía una felicidad inexplicable e inmensa.
Estaba viviendo su euforia cuando empezó a llover, era verdad lo que le habían dicho no se veía igual que desde abajo, pero en cambio podía sentirla, las gotas caían sobre su cuerpo y lo lavaban. Por primera vez veía que su piel era rosada y lisa. Sentía el frescor del agua fría, mientras la luz moderaba y lo empezaba a dejar ver a su alrededor. Eran personas, personas que gritaban, muchas personas.
Su vista estaba clara ya y comenzó a buscar el tragaluz. Volteó para todos lados y no estaba. Quería mostrarlo. Asomarse.
Buscó y buscó pero comenzó a olvidar qué estaba buscando.Al poco tiempo ya no recordaba el tragaluz ni nada de allá abajo… ni siquiera que se llamaba Ramiro.

sábado, 16 de julio de 2011

La camioneta amarilla está aquí otra vez

La camioneta amarilla está aquí otra vez
casas juntas, muy juntas
piso que nos quema, petroleo en las aceras
perros ladrando en el extraño silencio de las cuatro.

Caminando, explorando, encontramos los gusanos
tentación, devosión, resulta mentira
zancudos que nos comen, calor en los sabores
vemos, oimos, el reloj está roto.

Agua cristalina, hojas flotando alegres
el deseo expresado, la duda de los maniquies,
¿son falsos los gusanos también hoy?
y la camioneta amarilla está aquí otra vez.

martes, 21 de junio de 2011

Reincidiendo

Tal vez si hubiera preguntado dónde estaba, habría estallado en llanto, tratado de persuadirme o ido a recoger. Pero no preguntó, mi madre solo trató de ponernos al día con los tres meses que teníamos sin hablar. Me contó que iba a ser abuela otra vez, que volvió al bordado y que hacía bailoterapia, yo no le conté que Yolanda me dejó, que me botaron del trabajo y que me embargaron el carro. Colgamos mandándonos besos.
Me vi la cara en el espejo de aquel bar, el mismo de antes, y me tomé el trago que estaba calentando en la mano… el primero en diez años.

martes, 14 de junio de 2011

Una noche cualquiera en el internado

─¿Y cuándo será el incendio?
─¿Por qué un incendio? Podría ser un terremoto.
Hablaban susurrando, sentados al borde de cada cama.
─No, un incendio. Así lo podemos contemplar.
─¿Contemplar? ─dijo sonriendo
─Claro, si no ¿para qué?
─Para que no exista, eso es lo que yo quiero, que no exista este maldito colegio.
─Pero dime ¿cuándo será? ─dijo ávido.
─Un fin de semana o en vacaciones, ya veremos.
Pasó el vigilante así que se acostaron, minutos después un gran estruendo bajo el piso los levantó. Se miraron pálidos.
─No hice nada Alberto, te juro…
Una grieta partía el dormitorio.
─Yo sé, fui yo… me quedé enganchado... pensando en el terremoto…

miércoles, 8 de junio de 2011

Irremediable

Si no aparto los ojos, esa mirada incendiaria me aniquilaría, arrasaría, consumiría.

Me deja saber su odio, me estruja, me aprieta, casi me golpea.

Flota en el aire el hecho de que su labor en sí es desagradable, la obligación a realizarla innecesariamente, la imposibilidad de quejarse.

Nos desgarramos, figurada, literalmente.

Para mi es irremediable, no puedo evitarlo, mi cuerpo camina solo hasta allá.

Cada domingo acudo puntualmente. A pesar que no tengo a nadie a quien visitar en esa cárcel, nunca falto a la requisa.