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Blog de Carolina Rangel



Cuentos, microcuentos y poemas.



Escribir no es para mí una necesidad. Es un estado natural. Algo que fluye sin esfuerzo y eso me sorprende.



Bienvenidos los comentarios.



Bienvenidos ustedes.



miércoles, 18 de mayo de 2011

¿No prefieres un cuento?

─Háblame de las cositas chiquitas para las puertas.
Era la hora de dormir y Dayana hablaba con su abuela para relajarse.
─¿Las llaves? ¿No prefieres un cuento?
La habitación estaba en penumbras, los juguetes guardados y Dayana estaba cambiándose de ropa lentamente.
─No, háblame de las llaves.
─Bueno déjame ver… ─dijo mientras recordaba los detalles─ eran unos artículos así de chiquiticos.
─¿Cómo abuela? ¿Tan chiquitos?
─Claro, por eso era que se perdían tanto.
Dayana reía divertida, tratando de imaginarse como era una llave, haciendo preguntas que ya había hecho otros días y otras noches antes de dormir.
─Bueno, eran chiquitas, planas y tenían dientes.
Este era el momento en que Dayana se carcajeaba.
─Pero no eran como estos ─dijo mostrando su perfecta dentadura─ eran así ─dijo dibujando zigzags en el aire.
─¿Y qué hacían con las llaves?
La abuela apartó la colcha, guardó los muñecos y sacó las almohadas extra.
─Las metíamos en unos agujeritos especiales que traían las puertas, las girábamos y abrían… o cerraban.
─Y los ascensores, háblame de los ascensores.
Dayana se amarró el cabello. Lo tenía largo y se le enredaba si lo dejaba suelto al dormir.
─Esos eran unos cuarticos que servían para moverse en los edificios, pero solo verticalmente.
─¡Aja pero cuéntame…!
─Bueno tenían unos botones con números para indicar el piso y una pantallita para que uno supiera por cual andaba.
─¿Y cuando se trancaban? ─preguntó emocionada.
Ya, para entonces, Dayana estaba en la cama arropada, pero espabilada todavía.
─Sí, a veces se trancaban, no abría la puerta o algo así, entonces había que pulsar el botón de alarma, venían los bomberos y te sacaban.
La abuela hacía todo un histrionismo, para mostrarle a Dayana todo lo que le estaba contando.
─ ¿Y cómo hacían para terminar de llegar?
─Subíamos por las escaleras por supuesto.
─¿Y cómo eran las escaleras?
─Igual que ahora. Las escaleras no han cambiado nada, siguen siendo como siempre… ¡Cansonas!
Ya se estaban relajando. La abuela sentada a la orilla de la cama y Dayana había apoyado la cabeza en una de las almohadas.
─¿A ti no te gustan las escaleras abuela?
─Antes había lo que se llamaba escaleras eléctricas.
─¿Eléctricas?
─Esas sí me gustaban.
Ya Dayana tenía sueño, así que no preguntó mas detalles solo dijo:
─Qué bueno que te tengo para que me cuentes esas cosas, mi maestra solo habla de cómo ha cambiado la familia.
─Si supieras que a mí me parece que la familia no ha cambiado.
─¿En serio abuela? ¿Tú piensas eso? ─dijo con los ojos cerrados, en voz baja.
─La familia es un grupo de personas que se aman, se protegen, se ayudan. Si se hacen daño es sin quererlo y si lo quieren no merecen llamarse familia. Eso siempre ha sido así, y siempre será.
Dayana ya estaba dormida pero sí la oyó, entre sueños.

martes, 17 de mayo de 2011

Ella y él

Él abrió la puerta de la habitación con mucho sigilo, entró y la cerró sin que sonara. Era un experto. Vio el reloj que iluminaba en la mesita, eran las dos de la mañana. Ella estaba profundamente dormida.
Él caminó hasta la cama. La meta era acostarse junto a ella sin despertarla.
Ella lo sintió sentarse pero mezcló la realidad con algo que estaba soñando y abrió los brazos. Él se acostó y quedó abrazado.
Para ella era otra hora y otra circunstancia, así que le llenó el cuello de besos. Para él era aprovechar unos mimos que no merecía. Los recibía en lugar de reproches por una conducta indeseada.
Ella comenzó a despertar mientras él decía:
─Mami, te quiero mucho, mucho, mucho.
─Yo también, pero ¿no habíamos quedado que ibas a dormir en tu cama?
─Hoy nada mas…

martes, 10 de mayo de 2011

Solo un paso

Teresa está en el vestidor, faltan diez minutos para que comience la clase y sabe que se van a ir muy rápido. Alguien la apura, ya tiene el traje de baño, se pone el gorro y sale. Está convencida que hoy es el día. Hoy le van a pedir que se lance a la piscina.
Nunca se ha parado en un trampolín, sin embargo sabe que le tiene miedo. Sabe que le aterra brincar al vacío, sin que nada la agarre, la perturba la soledad de sentir el aire por todos lados. Se pregunta “¿qué se oye en una caída libre?”.

─ ¡Salta Teresita!
No puede. Le asalta un pensamiento, “¿si mientras caigo el agua desaparece? ¿y si no es una clase de natación sino que estoy en la azotea de un edificio?”
Mueve los pies dando pasitos cortos, agita los brazos, mira a todos lados.
─Es solo un paso…
No oye mas nada. “Es solo un paso” repite en su mente. Se concentra en esa frase. Arma una escena en la que no está en el borde de una tabla a 3 metros del agua, está en un parque, en el último escalón antes de pisar el césped. Levanta el pie, pero pierde el equilibrio por un segundo, retoma su posición inicial. “No, no es buena idea. Sabía que esto iba a pasar. ¿Para qué vine?” piensa.
Mira a su alrededor, hay unas cien personas observándola, algunas riendo, otras compungidas, todas expectantes. Si pudiera convencerse de que no se va a hacer daño, pero es que el agua no le parece agua, es como un piso azul.
─Yo estoy aquí abajo, yo te atrapo…
El miedo va en aumento, ya no se mueve, al rato descubre que está paralizada. “¿Cuánto tiempo llevo aquí?” se pregunta. Los músculos se endurecen más y más. Está rígida, el cuerpo se le convirtió en una cárcel.
─Vamos a salir de esto Teresita, anda salta ya…
Necesita moverse, liberarse. No puede. “Déjenme salir” grita dentro de su cabeza.
Siente un impulso, más bien una urgencia, sucedió como si rompiera un tubo en el que estaba contenida, de un solo golpe, gritando con todos los pulmones. ¿Cuánto duró la caída? Le dio tiempo de reír a carcajadas, de sentir el aleteo de brazos y piernas en euforia y de comenzar a llorar justo antes de entrar como una bala en el agua helada.

lunes, 2 de mayo de 2011

La puerta abría hacia afuera

Ana corrió las ventanas. Había terminado de limpiar y quería que se fuera el olor a desinfectante y pulitura. Su casa era pequeña, pero tenía cuadros de firma, esculturas valiosas y mucha madera.
En la entrada, en una pared, colgaba un objeto solitario que a primera vista discordaba con el resto del ambiente. Era un plato de aluminio, de los que usan los perros.
Ana lo estaba observando cuando sonó el timbre. Miró el reloj. “Valeria es siempre tan puntual” pensó.
Eran pocos años pero casi no se reconocieron. Las dos habían cambiado mucho, no solo físicamente. Sin embargo, se abrazaron y no pudieron evitar algunas lágrimas. Mientras colocaba la cartera en el perchero Valeria sonreía. Le entregó a su amiga una bolsa con varios regalos.
─Disculpa la facha. Estaba limpiando y tú sabes cómo soy yo. ─dijo Ana.
─Estás muy bien. ─dijo Valeria─ ¡Qué bello tu árbol!
Se acercó al árbol de navidad que presidía la sala. Estaba decorado con flores amarillas. No era casualidad, Ana había escogido el color a propósito, para gusto de su amiga.
─¿De verdad te gusta? ─dijo mientras ubicaba los paquetes.
─¡Parece un araguaney! ─dijo Valeria riendo.
Pasaron un rato hablando de adornos y aunque Valeria caminaba y giraba examinándolo todo no volteaba hacia el plato. Ana llegó a pensar que sí lo había visto y simplemente no le había importado.
─Bueno pero yo llegué antes que los demás invitados para ayudarte. ¿Qué falta por hacer? ─dijo Valeria.
─La ensalada. El pavo está en el horno. Lo demás está listo.
─No me dejaste nada ─dijo riendo y parecía que estaban suficientemente relajadas como para pasar una velada agradable ese día.
Pero al dirigirse a la cocina Valeria lo vio. Se quedó desconcertada viendo el plato. Caminó y puso la cara a pocos centímetros de él, parecía que quería olerlo.
Ana temblaba y se pasaba las manos por la cara. Quiso decir algo pero luego prefirió callarse, le iba a salir la voz entrecortada .
Valeria tomó su cartera y abrió lentamente la puerta, salió, se paró de frente a Ana viéndola a los ojos y dio un fuerte portazo.

miércoles, 6 de abril de 2011

La bicicleta del primo Ritchie

La bicicleta del primo Ritchie… Hacía años que no pensaba en ella. Era roja, brillante, tenía timbre, estaba decorada con unos dibujos, el sillín era negro de cuero y los cauchos eran enormes.

Se la regalaron al primo una navidad que pasamos en su casa, recuerdo el impacto que me causó, no podía dejar de verla, pero no dije nada, no dije que la quería y seguí jugando con lo mío. En ese viaje mi mamá y la mamá del primo Ritchie pelearon y nunca más nos reunimos. Pero antes de irnos el primo Ritchie me vio contemplándola otra vez.

─Algún día será tuya ─dijo sonriendo.

─¿En serio? ─dije incrédulo porque el primo Ritchie siempre me hacía bromas.

─Claro gafo, no ves que todo lo mío te lo pasan a ti. Esa ropa que tienes puesta era mía.



Después de eso pensaba en ella todas las noches antes de dormir. Algún día me montaría en esa bicicleta, sabría lo que es tener ese manubrio entre las manos y pedalearla por horas. Yo tenía unos cinco años entonces y a esa edad lo único que te dejan montar son triciclos. En algún momento, sin darme cuenta, la olvidé.



Pero aquel día, mi mamá nombró al primo y yo recordé la bicicleta.

─Le compraron una moto a Ritchie ¡cómo hacen eso con un niño de dieciséis años!

Me enseñó la foto en la computadora, era un perfil en una red social y yo me puse a revisar todas las fotos a ver si veía una donde apareciera la bicicleta, pero no, no había ninguna. Le envié un mensaje, le pregunté si todavía la tenía. No me respondió pero seguro lo leyó porque el día siguiente mi mamá me dijo:

─Ritchie te mandó una bicicleta con tu papá, dijo que tú se la pediste.

Mi papá estaba en la ciudad por negocios.

─No, él me la había ofrecido, yo solo le pregunté ─dije pensando que estaba en problemas.

─Tu papá te la trae el sábado ─dijo sonriendo.

Fueron los tres días más largos de mi vida.



Corrí con todas mis fuerzas, estaba en la plaza del pueblo cuando vi pasar la camioneta de mi papá. Cuando llegué a la casa me dieron muchas ganas de llorar, no había ninguna bicicleta en la batea. Me pregunté qué había pasado, podía ser que el primo Ritchie se arrepintió, que mi papá no la quiso buscar, que estaba mala. Respiré profundo antes de entrar a la casa.

Mi papá estaba sentado en el sofá. Me saludo muy contento, estaba bebiendo una cerveza.

─¿Y qué pasó con la bicicleta? ─pregunté.

Se puso una mano en la cabeza.

─¡La bicicleta! ─dijo con la boca abierta.

Un olvido era mejor que las opciones que había pensado, no sería hoy pero por lo menos todavía podía tenerla, así que sentí alivio.

Mi papá estaba serio, me veía fijamente. Yo lo observaba también absorto mientras pensaba como convencerlo para buscarla en un día próximo y de pronto me di cuenta que debajo de esa expresión había una sonrisa. Comencé a sonreír yo también y al rato ya mi papá se estaba carcajeando.

─Pero no te traje esa bicicleta vieja, era muy chiquita para ti ─dijo mientras caminaba hacia la camioneta─ la vendí y te compré una nueva.

Sacó una caja de la batea.

─Llama a tus amigos para que nos ayuden a armarla ─dijo con entusiasmo.

Vinieron dos de los muchachos que estaban siempre en la plaza y los tres nos quedamos hechizados cuando mi papá sacó las partes de la caja. Era plateada con unos detalles en verde, a medida que iba quedando lista descubríamos los detalles, tenía un compartimiento para poner el envase del agua, accesorios en el manubrio y otras cosas pero lo que más nos maravilló fue un resorte que tenía debajo del sillín. Después de no tener ninguna, tenía la mejor entre mis amigos. Era alta mi bicicleta, cuando me subí tuve que estirar mucho las piernas y cuando arranqué se me soltó por un instante el pedal del pie, pero no me caí, logré avanzar y vi la cara de orgullo de mi papá.

Mis amigos fueron a buscar las suyas y nos fuimos hasta la plaza, dimos varias vueltas y todos los que allí estaban me miraban, era la bicicleta más bella del mundo. En un momento dado voltee a ver a mi público y la vi. Era la bicicleta del primo Ritchie. Me quedé alelado, estaba igual que aquella vez, no lucía vieja, tenía una de las calcomanías del guarda-cadenas despegada de un lado, era lo único diferente. Me tuve que detener. Todavía la observaba cuando el niño que la tenía arrancó, sabía montarla, daba vueltas rápidas y ágiles. Yo todavía no dominaba la mía así. Me dio algo de tristeza, no sé por qué, así que invité a mis amigos a bordear la iglesia.

Pedaleamos duro y el lado derecho de la edificación era en bajada, agarramos bastante velocidad, yo acomodé los brazos de una manera que me entraba el aire por dentro de la franela y vi que mis amigos me imitaron, todos sonreíamos dándole la cara al aire.

Para regresar a la plaza pagamos el precio, nos tocó la subida, así que llegamos cansados y sedientos. Bebimos agua en un kiosco y nos mojamos la cara, eso nos refrescó pero mis amigos dijeron que se iban a su casa porque ya era hora de almorzar. El sol estaba fuerte a esa hora y la plaza empezó a quedar, poco a poco, desierta.

Pero el niño de la bicicleta del primo Ritchie no se fue, parecía que esperaba que lo recogieran porque estaba sentado a la sombra con la bici acostada a un lado. Me acerqué y le conté mi historia con ella. Se sonrió y me preguntó cosas de la mía, que para qué era el resorte, que por qué no había llevado agua en ella, qué parecía “galáctica”. Le dije que le podía arreglar lo de la calcomanía, saqué mi llavero que tenía una navajita y le recorté la orilla, ya no parecía despegada, quedó perfecta.

─Gracias ─dijo el niño.

─De nada ─contesté.

Era difícil determinar si éramos amigos ya. Pero no me podía tardar más porque tal vez ya se iba.

─¿Te gusta mucho mi bici? ─pregunté.

─Sí, mucho. ─me contestó con los ojos saltones, eso me dio ánimo.

─¿Quieres que las cambiemos? ─dije.

─¿Cambiar las bicicletas? ¿Para siempre? ─preguntó muy extrañado.

─Sí, yo te doy esta, la galáctica, y tú me das…

─Jamás cambiaría esta bicicleta ─me interrumpió.



Al rato me fui caminando, rodando la bici a mi lado y pensando que mi casa quedaba muy lejos.

martes, 29 de marzo de 2011

Dos regalos, uno para niño y otro para niña

El príncipe


Había una vez un príncipe. Bueno no era un príncipe de verdad, con corona y reino pero lucía como un príncipe, caminaba como un príncipe, hablaba como un príncipe y sobretodo sonreía como un príncipe.Es muy importante destacar la sonrisa porque esta era una de las dos cosas que lo hacían parecer un príncipe, sonreía iluminándolo todo, sonreía con toda la cara y expresaba en esa sonrisa una gran belleza, serenidad, dulzura, picardía, inteligencia. Cuando sonreía era un príncipe, no había duda.También estaban los abrazos, abrazaba con todo el cuerpo, suave y a la vez fuertemente, transmitía todo el amor que sienten los príncipes como él, cuando abrazaba definitivamente era un príncipe.Mucha gente se daba cuenta que era un príncipe pero no lo decían en voz alta, solo manifestaban simpatía por él. Otros no se daban cuenta, creían que era muy especial pero no lo veían como un príncipe.Una vez, se acercó a su mamá y le dio un abrazo, el abrazo de príncipe, además cuando ella lo vio él sonrió, la sonrisa de príncipe.Ese día sí tenía una corona y un reino, era todo un príncipe.


La niña que era extremadamente bella


Había una vez una niña que era extremadamente bella, su extrema belleza provenía de un poder que tenía, en realidad ella era bella pero cuando ejercía ese poder se veía extremadamente bella. Su papá y su mamá casi siempre estaban afectados por el poder, las demás personas se afectaban solo a veces, la mayoría de las veces cuando ella ponía una voz especial que lo incrementaba. También había un gesto de la cara, que hacía que se pusiera extremadamente bella, era un gesto de ternura, de indefensión, la hacía ver que necesitaba que la consintieran, una vez una maestra estaba bajo el poder y la cargó a ella, y solo a ella, un largo trayecto hasta el salón de clases a pesar de que había 45 niños mas que también querían que los cargaran, ese día estaba extremadamente bella para todos. Con todo, en el colegio era donde menos poder tenía, porque había otros niños que tenían poder también y lucían extremadamente bellos, a veces se quedaba sin nada de poder, en esas ocasiones lucía simplemente bella. Si, ella sabía que tenía ese poder y sabía varias maneras de usarlo, pero cuando las personas veían que ella sabía que estaba usando el poder, entonces se veía más extremadamente bella todavía. Una vez se puso un trajecito de bailarina, era color lila, un color que la hace ver extremadamente bella, pero además tenía lentejuelas y tul, había varios incrementadores del poder como el gesto en la cara y la vocecita especial. Ese día mamá la vio por el retrovisor del carro, tenía más poder que nunca, estaba ¡extremadamente bella!

martes, 22 de marzo de 2011

Él es algo así como mi dueño

Él es algo así como mi dueño, posee hasta mis pensamientos, si me abandona dejo de existir.
Yo pensé que nunca me iba a pasar, que nunca iba a conocer a alguien así, pero aquel día en el parque él apareció en mi vida y la cambió radicalmente, había ido a pasar el rato en un banco por que era muy temprano para volver a mi casa, él me pidió permiso para sentarse a mi lado. Era el tipo de hombre que jamás se fijaba en mi, vestido de corbata, olía a un perfume que no conocía y tenía una carpeta con unos papeles que parecían muy importantes.
Como él se mostró simpático me atreví a preguntarle a qué se dedicaba, me explicó que era gerente de una agencia de empleo, no lo podía creer ¡una agencia de empleo! Yo estaba desesperada buscando uno, mi madre me preguntaba todos los días si estaba de "verdad" buscando, especialmente cuando me veía comiendo, además me recordaba a toda hora los gastos de la casa.
Pensé en aprovechar la oportunidad, debía ser el destino que me mandó a un gerente de una agencia de empleo para que me hiciera amiga de él, así que empecé a buscar temas de conversación, cuando lo creí oportuno le dije que estaba buscando trabajo, él me contó que su agencia se especializaba en buscarle trabajo a domésticas en el exterior y yo no tenía facha de doméstica, que debía buscar empleo de modelo o actriz de televisión, ¡Dios! nunca me habían halagado tanto, sentí el rubor en las mejillas, estaba tartamudeando y temblando, era tan elegante y buen mozo y pensaba que ¡yo podía ser modelo! si supiera donde vivía, yo no tenía nada, un empleo de doméstica era ganarme la lotería, pero yo había oído que era así, un día llegaba un hombre que se da cuenta que tú vales, que te ve como nadie te ve y estuve segura que eso era lo que me estaba pasando, mientras tanto él se fue medio apurado, indudablemente lo volvería a ver.
El día siguiente volví al mismo parque, él pasó caminando pero no se detuvo, me saludó con la mano y siguió, esa noche en la cama me reproché no haberlo detenido, ya tenía el discurso preparado, lo iba a convencer de que me consiguiera empleo, sí de doméstica, lamentaba decepcionarlo pero eso era a lo que yo aspiraba, me imaginé que me lo conseguía y tiempo después me rescataba de él, me confesaba su amor, se casaba conmigo y nos íbamos a vivir a una casa grande, seguramente un ejecutivo como él vive en una casa enorme pensé, en realidad estaba medio soñando.
Días después lo volví a ver, estaba sentado en el mismo banco en que nos conocimos, empecé a hablar pero él me interrumpió, en realidad, me dijo, mi agencia es muy exclusiva, solo aceptamos aspirantes muy bien calificadas, con muy buenas recomendaciones, necesitamos que sean cultas, preparadas, bellas, dispuestas a hacer todo, tú tienes algunas de esas cualidades pero no tienes recomendaciones. Yo estaba decepcionada. ¿Cómo podía ser eso? ¿Tantos requisitos para un empleo de servicio doméstico? él me explicó que era muy buena la remuneración, que a las muchachas les cubrían todos los gastos y podían mandar el sueldo completo para su casa, pero había que tener cuidado a quien contrataban, me contó que el gerente que estaba antes que él lo despidieron por que una muchacha se fue de la casa donde la asignaron, él no se podía arriesgar a que le pasara lo mismo.
Ese día me invitó a pasear. Hablaba de cosas tan bonitas, de paisajes, de gentes de otros países, su voz era dulce y sonreía con toda la cara. Yo traté de agradarle, dije lo que me pareció más inteligente y me dio resultado por que cuando nos despedimos me dijo que sentía que me conocía, que él sabía que yo era una persona de fiar, que él podía ser mi recomendante. Le di un abrazo, estaba muy emocionada, pero enseguida él agregó algo que me desilusionó otra vez me dijo que el otro aspecto a resolver eran los gastos del viaje, había gastos de pasaje, hospedaje, comidas, visa, que el aspirante tenía que desembolsar antes de salir, claro eso era nada comparado con lo que iba a ganar.
Rompí a llorar, él me consoló un rato y de pronto me dijo: saca el pasaporte y ya veremos. Quise saber a qué se refería y me dijo que me conseguiría un préstamo con la compañía. Lo volví a abrazar.
El día que fui a entregarle el pasaporte estaba feliz, me provocaba brincar en plena calle. Por esa época yo me preguntaba si ya éramos novios porque nos veíamos todos los días y nos besábamos en la boca, además ya me había hecho varios regalos y me hacía preguntas acerca de mi familia, se mostraba muy cariñoso y me decía muchos piropos, nunca nadie me había tratado así.
Me mostró un contrato, lo iba a firmar esa misma tarde y en una semana estaría en el exterior en mi nuevo empleo, me dijo que en un mes estaría mandando el primer giro a mi familia, me imaginaba la cara de mi madre, ya no me iba a tratar mal, seguramente hasta me adularía, pensé.
El día que salimos de viaje él me dio la sorpresa de que iba a viajar conmigo, me sorprendió como iba vestido, ya no estaba tan elegante, vestido así parecía uno de mi barrio, pero pensé que era por comodidad, había muchas muchachas igual que yo, todas estaban emocionadas por el viaje y todas parecían enamoradas de él, pensé que era tan bello que todas lo querían y que yo era muy afortunada si lograba que estableciéramos una relación.
Después del viaje en avión nos quedamos en un hotel, íbamos a seguir por carretera el día siguiente, él tocó la puerta de mi cuarto, yo estaba brava, una de las muchachas se le insinuaba, lo tomaba del brazo y él la dejaba, como única explicación me dijo que era yo la que lo tenía enamorado, así que me quité la ropa y lo dejé que me hiciera el amor, cuando se fue me dejó dinero, eso me incomodó, pero me explicó que no quería que me faltara nada en el viaje y lo tomé.

Cuando comenzó la pesadilla él me recordó ese día, me dijo: yo te pagué por sexo, así que supe en que casa te iba a poner a trabajar. No lo podía creer, lucía tan distinto, ¿dónde estaban todas las frases encantadoras? además me dijo que cuando me describió el trabajo me indicó que había que hacer de todo y yo le rogué. Me rogaste que te metiera a puta, me dijo, tú sabías de qué se trataba.
No, yo no sabía, pero es que yo no siempre entiendo lo que me dicen, él siguió recordándome que había adquirido una deuda, la deuda del viaje, y que en el país en que estábamos el que no pagaba con dinero pagaba con cárcel, además estaba ilegal en el país, mi visa no era verdadera y me iban a acusar de falsificadora, me recordó que sabía donde vivía mi familia y le iba a contar a mi madre que había ido a trabajar de prostituta, en ese momento lo detuve, le puse la mano en la boca y comencé a llorar, yo prefería la muerte antes que él hiciera eso.
Repentinamente cambió, volvió a ser el de antes, me dijo que si yo hacía lo que él me decía nadie me iba a hacer daño, ningún policía se me iba a acercar, nadie me iba a molestar y nadie en mi país se iba a enterar, así que desistí de irme, lloré, lloré desesperadamente pero también me sentí protegida, estaba en un ambiente hostil y él era mi único amparo, lo único que tengo que hacer es no contradecirlo, comprendí, me quiere, de lo contrario no me cuidaría tanto.
Me sequé las lagrimas para recibir al primer cliente, él me abrazó cariñosamente, te amo, me dijo, y me contó que él también estaba atrapado que lo mataban si se salía de esa agencia o si no conseguía muchachas, me prometió que algún día nos íbamos a ir los dos, entendí muchas cosas, lo comprendí.
Él es algo así como mi dueño, posee hasta mis pensamientos, si me abandona dejo de existir.